Una buena relación médico-paciente es esencial en todo proceso médico, desde el primer contacto, momento crucial para iniciar y establecer esta relación, como en las sucesivas visitas hasta finalizar el tratamiento. Una buena acogida, sentirse cómodo, en un contexto de confianza, bien entendido y atendido profesionalmente, puede facilitar que el paso de los pacientes o la transición por todo el proceso se realice de la manera más positiva posible, independientemente del resultado final.

En el caso de los pacientes con dificultades reproductivas o de las mujeres que encaran la maternidad como mujeres solas o con su pareja femenina, el recorrido hasta llegar al tratamiento puede, en algunos casos, llegar a constituir una fuente de estrés.

El paciente necesita percibir en todo momento que se le tiene en cuenta, que está siendo escuchado y comprendido por parte del profesional; de este modo, se sentirá copartícipe de las decisiones y del proceso que está emprendiendo.

La comunicación médico-paciente y el hecho de poner en marcha todos los mecanismos que nos ayuden a mejorarla, es la piedra angular sobre la que debe girar la atención médica, muy comúnmente centrada sólo en aspectos técnicos.

Si un médico logra identificar y entender los problemas importantes de sus pacientes, generará una mayor cercanía y satisfacción con la atención recibida. En el momento en que el paciente percibe que está siendo entendido y acogido, conseguiremos una mayor adherencia al tratamiento y una menor tasa de abandono del mismo.

El profesional médico, como consecuencia, se sentirá reforzado en su actividad y el paciente percibirá que el médico también agradece el poder desarrollar su labor en un ambiente de confianza mutua.

La habilidad que fundamentalmente nos ayuda en esta tarea es la “empatía”. Si queremos conseguir una buena relación médico-paciente es primordial que los profesionales de la salud trabajemos esta habilidad para ser capaces de ponernos en el lugar del otro. Hay que tener presente que las emociones se leen y se contagian.

Por este motivo, EUGIN apuesta por el trato al paciente y forma al personal no sólo médico, sino paramédico, en habilidades empáticas y emocionales lo que constituye un gran valor añadido y diferencial de nuestra labor, porque la competencia técnica debe ir de la mano de la habilidad para captar necesidades individuales, adaptarse a la persona y al momento, transmitir tranquilidad, ser resolutivos con sus dudas, cercanos, capaces de escuchar y comunicar, ser tolerantes, flexibles, a la vez que asertivos.

Esta actitud centrada en tratar a los pacientes como a ellos les gusta que les traten, de manera única y personalizada en cada caso, creando un buen rapport, es un factor significativo e importante para el buen curso del tratamiento y será uno de los que determinen de forma directa la satisfacción y el bienestar de nuestros pacientes.

Última actualización: noviembre 2017