Fertilidad humana

La fertilidad humana se define como la capacidad de procrear de una persona. Esto ha permitido la supervivencia de la especie por lo que ha sido, lógicamente, muy apreciada por todas las culturas y civilizaciones a lo largo de la historia ya que proporcionaba a las familias mano de obra y, por tanto el sustento, capacidad haya sido especialmente valorada entre las mujeres, destacando socialmente aquellas que conseguían tener más hijos o siendo repudiadas las que no podían.

De aquí se obtienen medidas como la tasa de fertilidad que sería el número medio de hijos nacidos de las mujeres que, en una determinada sociedad o grupo, han completado su ciclo reproductivo.

En la fertilidad intervienen factores culturales y biológicos, y en muchas ocasiones estos se interrelacionan.

Por un lado tenemos los aspectos culturales como el rol en la sociedad de hombres y mujeres, reparticiones del trabajo, el tipo y tiempo que se dedica a éste, así como las diferentes expectativas que tenemos del mismo. Nos encontramos ante diferentes conceptos de la sexualidad, edades de inicio de las relaciones sexuales, objetivos reproductivos, número de hijos que se desean, edad en que se desea tenerlos, parejas del mismo sexo o personas que deciden vivir solas.

También debemos tener presente el papel que juegan las diferentes religiones así como los distintos puntos de vista éticos de cada sociedad. Por otro lado, aspectos biológicos como la edad, constituyen un punto importante por no decir decisivo en el potencial fértil, especialmente de la mujer y son factores de los que en muchas ocasiones, incluyendo a los profesionales de la salud, no somos conscientes. Está ampliamente demostrado que la capacidad fértil de la mujer desciende con la edad, disminuyendo no solo la capacidad de quedar embarazada sino que también aumenta la posibilidad de tener abortos o hijos con problemas cromosómicos.

Éste es un claro ejemplo de cómo un factor biológico como la edad puede relacionarse con factores culturales. Actualmente vivimos en una sociedad en la que se ha ido posponiendo la edad en que se decide tener hijos y, por consiguiente, comprometiendo nuestra capacidad fértil. En España, concretamente, la edad media en la que la mujer tiene su primer hijo se sitúa en torno a los 32 años.

En el hombre, sin embargo, la edad no parece impactar de forma tan clara como en la mujer pudiendo tener hijos a edades más avanzadas. Otros factores quizás no tan determinantes pero no así menos importantes son los hábitos de vida. Se ha demostrado claramente la correlación negativa entre el consumo de tabaco y la fertilidad tanto en hombres como en mujeres sin olvidar los efectos negativos de aquél en la gestación, en especial en recién nacidos con bajo peso.

El consumo de alcohol en exceso puede comportar enfermedades que comprometen tanto las relaciones sexuales como la capacidad reproductiva. Los hábitos de vida alimentarios también se deben tener en cuenta, es cierto que clásicamente se ha relacionado la fertilidad con mujeres con un peso elevado. Un ejemplo sería la Venus de Willendorf pero, actualmente, se ha demostrado que índices de masa corporal extremos se correlacionan con alteraciones en la capacidad fértil.

Es generalmente conocido el efecto beneficioso que tiene el ejercicio físico sobre la salud. Sin embargo, un ejercicio excesivo (alta intensidad, más de 5h. por semana) está asociado a infertilidad en mujeres con índices de masa corporal inferiores a 25. También así, en mujeres que hacen ejercicio intenso de larga duración, tienen peores tasas en reproducción asistida. En cambio, las mujeres obesas que realizan ejercicio mejoran su fertilidad.

Otros aspectos, como la influencia de la utilización de anticonceptivos previos en la fertilidad, que ha preocupado a mujeres con deseo de gestación, se ha demostrado que la tasa de gestación en estas mujeres usuarias de anovulatorios se iguala con la de la población que no los ha tomado previamente al año del cese del uso de los mismos. Podemos decir, por lo tanto, que la esterilidad definitiva es independiente de los métodos hormonales anticonceptivos previos.

Por último, las enfermedades de transmisión sexual no siempre están relacionadas con la infertilidad. Es cierto que alguna infecciones como las producidas por Clamidias y/o gonococos son frecuentes y además suelen ser asintomáticas. Éstas son importantes por su asociación con la esterilidad y la infertilidad, sobre todo si la infección tiene lugar en las trompas. Otras infecciones como la sífilis, el herpes simple o el virus del papiloma humano no producen infertilidad por sí solas.

La fertilidad, como consecuencia, es el resultado de la interacción de factores biológicos, sociales, culturales e incluso religiosos. Los profesionales de la salud reproductiva debemos dirigir nuestra actividad y nuestros esfuerzos a asesorar e informar tanto a la población general como a los profesionales de la salud sobre el impacto de la edad en la fertilidad, especialmente femenina.

Última actualización: noviembre 2017