Formación en el laboratorio de embriología: la validación es la clave


La técnica ICSI, que consiste en la introducción de un espermatozoide en el citoplasma de un ovocito usando una micropipeta, es una técnica ampliamente utilizada en reproducción asistida y de creciente popularidad en todo el mundo. Según consta en Europa, la ICSI fue utilizada en 271,711 ciclos de TRA iniciados durante el año 2010, lo que corresponde al 68,40% de todos los ciclos de TRA reportados en la zona. Al igual que otros procedimientos de laboratorio, la ICSI es dependiente del operador y requiere de una formación específica para ser realizada con éxito. La mayoría de los laboratorios establecen programas de formación internos para embriólogos principiantes en ICSI con el fin de aprender la técnica. Sin embargo, los protocolos de formación en ICSI se han reportado de manera insuficiente en la literatura científica. Por otra parte, los programas de formación que se suelen utilizar no se adaptan al operador en entrenamiento, no permiten la evaluación individualizada de su competencia, y no se validan con los resultados clínicos. Por último, las dificultades encontradas por las clínicas y hospitales para adquirir y operar con gametos y embriones de origen animal, tanto desde el punto de vista jurídico como práctico, podría impulsar que la ICSI se aprenda utilizando gametos humanos viables, planteando así cuestiones éticas de gran relevancia. Un trabajo reciente realizado por nuestro equipo de investigación aborda algunas de estas cuestiones; específicamente queríamos saber cómo podemos asegurarnos de que cuando enviamos un embriólogo para tratar a pacientes mediante ICSI, éste está realmente capacitado (http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26979744). Hemos utilizado la curva de aprendizaje sumatoria acumulativa (LC-CUSUM), un método estadístico que nos permite controlar en tiempo real si un proceso (en este caso, el resultado de ICSI) se encuentra “bajo control” o “fuera de control”, según normas pre-establecidas. Hemos encontrado que, si bien algunos de los operadores en entrenamiento eran capaces de aprender ICSI en tan solo 35 ensayos, y de ser tan eficientes como los embriólogos más expertos, otros no podían aprender correctamente, aún después de 80 ensayos. Esta gran diferencia indica que la ICSI no debe ser enseñada y practicada un número fijo de veces, ya que un protocolo de formación estándar dará lugar a dos resultados: Por un lado, los operadores que aprenden más rápido utilizarán más recursos y se encontrarán excesivamente capacitados; y por otro lado, y lo más importante, los operadores que presenten lento aprendizaje podrían comenzar a tratar a los pacientes antes de estar listos para hacerlo. Todas las clínicas de TRA tienen la responsabilidad y el deber de asegurarse de que su personal se encuentre totalmente capacitado y competente antes de ser puesto a cargo de pacientes; además creemos que los centros de TRA deben adoptar la fórmula de formación individualizada para ICSI, y permitir el tiempo suficiente para adaptarse a los diferentes ritmos de formación de los operadores.

Dra. Rita Vassena
Directora Científica, Clínica EUGIN